miércoles, 25 de julio de 2012

CULTURA ASONANTE

En alguna parte leí esta definición: Cultura es todo aquello que no es natural. Ante tal cosa hice un apunte a la orilla de la página: Entonces cultura es absolutamente todo. 
Cuando dicen “cultura”, de inmediato viene a nuestra mente la imagen de un adiposo cantante de ópera, un cuarteto de cámara de riguroso esmoquin o un tutú color champán con una magra figura deteniéndose de puntillas. 

Por todas estas asociaciones,  eso que tan deleznablemente llaman “pueblo” odia  tanto la cultura. Quizá porque las manifestaciones artísticas siempre se asocian a una élite económica que paga malos salarios, abusa de sus privilegios y se enseñorea en la justicia. Se relaciona de inmediato la cultura con el collar de perlas, con los lentes chiquitos de carey y con la ovación de pie, en primera fila, de un teatro con una taquilla impagable. Así es como los populistas que adquieren el poder político en nuestro país, siempre consideran la cultura como algo elitista (no para la masa de borregos votantes) o, todo lo contrario, algo para hippies comunistas y mariguanos. Es por eso que la cultura no es importante para el poder. 

Uno de los prejuicios más absurdos es decir que la cultura no aporta al crecimiento económico de un país. Prejuicio que se viene abajo si consideramos que desde la nueva película de Batman, hasta las procesiones de Semana Santa en Antigua Guatemala son acontecimientos culturales. Acontecimientos que dejan réditos que luego son rotulados en el Ministerio de Finanzas como “turismo” o “entretenimiento”. Lo que consideramos bellas artes, es apenas una milésima de lo que representa el acontecer cultural guatemalteco. El cine está creciendo al margen de si existe una ley o una institución que lo apoye. Nuestros artistas visuales van y vienen de exposiciones internacionales. Músicos chapines ya son capaces de llenar auditorios. Incluso ya existen lectores adolescentes que se acercan a los stands de la Filgua, preguntando por autores nacionales. 

Ante todo esto, no existe argumento más falaz que decir que la cultura es algo que nos rechaza, algo minoritario e improductivo. Cultura no es “algo”, porque es absolutamente todo. Es nuestra  capacidad de razonar, hacer y sentir.

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