miércoles, 13 de junio de 2012

¿NO LE GUSTA? VÁYASE A SUIZA


La muletilla más utilizada por nuestras autoridades es  aquella vieja promesa: “Vamos a perseguir y a castigar a los responsables”. Los protocolos del  idioma nos traicionan cuando lo usamos para  repetir los mismos esquemas:  ¿Cuándo se va a perseguir y a castigar a los irresponsables?
Los problemas más recurrentes en Guatemala devienen de dos términos  puntuales: responsabilidad e irresponsabilidad. Decir que se castiga al “responsable” es arremeter contra toda persona que esté a la mano, no necesariamente contra aquel que comete el delito. 
El responsable es quien se ajusta al absurdo de las leyes de nuestro país, es quien entrega puntualmente su planilla de impuestos, es quien respeta el reglamento de tránsito, es quien asume que vivir entre otros seres humanos es respaldar consensos y tolerar diferencias. Pero en medio de todo este absurdo, la responsabilidad siempre sale desfavorecida: usted será castigado por pagar sus impuestos y no por evadirlos, como lo prueban desde las empresas más grandes hasta la economía informal confortablemente establecida.
 Usted será castigado si lo encuentran hablando por celular mientras maneja, aunque a la par suya se atraviese un rojo otro autobús rebalsando de gente. Usted será castigado si es el policía que detiene al funcionario influyente que  maneja borracho; usted será castigado si es el que denuncia a los delincuentes de su propio barrio; usted será castigado si aguarda cola mientras  una colmena de tramitadores se cuelan ante los ojos del guardia de turno. 
El irresponsable tiene la sartén por el mango en un sistema que lo premia. Su dinámica es vivir del desorden y de la impunidad tolerada. Nuestra cultura lleva endosada esa lógica de que apegarse a las reglas hace más lentos los resultados. 
Por eso es tan común que si usted  señala a los irresponsables, alguien con mucho veneno (pero con mucha verdad), le responda: Ay, mire, si no le gusta como somos, ¿por qué no se va a Suiza?

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