miércoles, 27 de junio de 2012

APUNTES PARA MI COLUMNA OPTIMISTA

Esta columna no es para deprimir a mis lectores, así que prometo no escribir mi catarsis acerca de lo que me provoca el tema de la corrupción en el futbol nacional, porque considero que rebasa mi capacidad de asombro ante la crisis de valores que vivimos. Tampoco quiero hablar del triste saldo de palabras que me dejó el artículo de Siglo.21 acerca de la banda de violadores de la calzada Roosevelt, porque activa la rabia y el miedo con solo imaginar que pueda suceder tal cosa. 


Prefiero evadir el tema de los estudiantes de magisterio que decidieron  volver a  las pedradas de siempre y a las autoridades de Gobierno que vuelven a los antimotines, a los palos y  a las bombas lacrimógenas  de siempre. 


Tampoco quiero mencionar  el estancamiento de la Ley de Enriquecimiento Ilícito que únicamente devela el estado de cinismo y corrupción al que ha llegado el Congreso de la República. Evitaré referirme a los muy lamentables atentados sufridos por personas como Yolanda Oquelí, cuya postura frente a  las empresas mineras fue respondida a balazos. 
Mi intención tampoco es reseñar libros de ex presidentes con claras intenciones de congraciarse con un  país  sin criterio ni memoria histórica. No digamos hablar de un invierno que se aproxima y que seguramente traerá de nuevo el desastre a las poblaciones que no viven dentro del mapa de los inversionistas. 


Esta vez no quiero deprimir a mis lectores, así que debo limpiar un glosario de palabras como desempleo, impunidad, inseguridad, racismo, misoginia, izquierda, derecha, libertad de expresión, presupuesto para la educación, presupuesto para la cultura. Es imprescindible que deje a un  lado muchos decenios de historia; que  aparte nombres, sustantivos, adjetivos y verbos; que suprima una montaña de malas noticias; que ni siquiera mencione  ni a los monopolios ni al analfabetismo real y funcional ni a  la muy mala televisión ni al vacío de opciones políticas ni a  la casi nula participación ciudadana existente. Quitando todo esto es fácil hablar de optimismo; así que ya tachada toda la lista, ahora  me toca hablar de lo bueno...

miércoles, 13 de junio de 2012

¿NO LE GUSTA? VÁYASE A SUIZA


La muletilla más utilizada por nuestras autoridades es  aquella vieja promesa: “Vamos a perseguir y a castigar a los responsables”. Los protocolos del  idioma nos traicionan cuando lo usamos para  repetir los mismos esquemas:  ¿Cuándo se va a perseguir y a castigar a los irresponsables?
Los problemas más recurrentes en Guatemala devienen de dos términos  puntuales: responsabilidad e irresponsabilidad. Decir que se castiga al “responsable” es arremeter contra toda persona que esté a la mano, no necesariamente contra aquel que comete el delito. 
El responsable es quien se ajusta al absurdo de las leyes de nuestro país, es quien entrega puntualmente su planilla de impuestos, es quien respeta el reglamento de tránsito, es quien asume que vivir entre otros seres humanos es respaldar consensos y tolerar diferencias. Pero en medio de todo este absurdo, la responsabilidad siempre sale desfavorecida: usted será castigado por pagar sus impuestos y no por evadirlos, como lo prueban desde las empresas más grandes hasta la economía informal confortablemente establecida.
 Usted será castigado si lo encuentran hablando por celular mientras maneja, aunque a la par suya se atraviese un rojo otro autobús rebalsando de gente. Usted será castigado si es el policía que detiene al funcionario influyente que  maneja borracho; usted será castigado si es el que denuncia a los delincuentes de su propio barrio; usted será castigado si aguarda cola mientras  una colmena de tramitadores se cuelan ante los ojos del guardia de turno. 
El irresponsable tiene la sartén por el mango en un sistema que lo premia. Su dinámica es vivir del desorden y de la impunidad tolerada. Nuestra cultura lleva endosada esa lógica de que apegarse a las reglas hace más lentos los resultados. 
Por eso es tan común que si usted  señala a los irresponsables, alguien con mucho veneno (pero con mucha verdad), le responda: Ay, mire, si no le gusta como somos, ¿por qué no se va a Suiza?

miércoles, 6 de junio de 2012

LA GRAN PATRIA

La patria es un discurso / que todos conocemos. / Es una hemeroteca / repleta de cadáveres, anuncios y / crónicas sociales” Luis Alfredo Arango.

Lejos de la corrección política, eso que llamamos patria -con fervor de lunes cívico- no es más que una exposición de fotos amarillas, siempre útiles para la retórica electorera. La patria también es un masticado disco de marimba al medio día. Es la banderita plástica tirada en medio del parque y el opaco sonido del redoblante en las bandas escolares. También suele llevarse en una pancarta (en medio de una manifestación financiada quién sabe por quién) o en la retórica gubernamental después de un invierno catastrófico. La patria es la vejez. La patria es la cabeza de Miculax y de Serapio Cruz sobre una mesa. La patria es una modelo rubia disfrazada de indígena en una exposición de turismo.

La patria es un empresario hablando de la patria en un canal de cable. La patria es un slogan que dura cuatro años. La patria es el salario más mínimo. Es el funcionario corrupto que sale risueño y liberado de toda culpa. La patria es el optimismo miope. Son los chistes acerca de indígenas, homosexuales y negros. La patria es la constitución escrita para los ricos por quienes los representan.

La patria es un pajarito atrapado entre dos bayonetas. La patria es una paz sin nadie. La patria es Jorge Ubico. La patria es la sombra de un helicóptero en la montaña. La patria es la vida que se fue de los huesos en una fosa común. La patria es un caudillo detrás de otro y encima de otro. La patria es la familia canchita anunciando seguros de vida.

La patria es un mapita que dice “Belice es nuestro”. La patria es el himno más largo del mundo. La patria es la foto postal del lago de Atitlán y un niño con una carga de leña. Son los códices perdidos entre la selva petenera.

La patria es un monumento que nadie recuerda.