miércoles, 16 de mayo de 2012

ERNESTO CARDENAL

Revisando suplementos culturales en línea, encuentro la foto de un distante Ernesto Cardenal, al pie viene escrita una apología al poeta nicaragüense con motivo de haber recibido el Premio Reina Sofía 2012. Hace unos años tuve el privilegio de sentarme junto a él en la mesa de un restaurante en Granada Nicaragua, pero durante una hora escuchamos el insoportable monólogo de un escritor local y no pude dirigir ni una sola palabra al maestro. Cardenal, al igual que en las imágenes de los diarios, parecía ausente al entorno de los poetas que asistían a ese caluroso festival de febrero.
En la obra de Ernesto Cardenal se revela aquello que Pound enmarca como verdadera literatura: Es idioma cargado de sentido – nos dice. No me corresponde hablar de la trascendencia de nada, sólo el tiempo define tal cosa, únicamente decir que sus libros de inmediato nos desconectan de la retórica edulcorada de la literatura escrita en español y nos empujan hacia una región donde la palabra es clara y contenida. 

Luego viene lo extra-poético: un poeta funcionario. Aquí es donde brota la urticaria de la demagogia romántica de los escritores actuales. Sin embargo, en una revolución fallida en su promesa de continuidad, integridad y cambio, como lo fue la sandinista, lo único que permanece incólume siguen siendo los aportes que dejó la gestión pública de Cardenal en el plano de publicaciones, talleres literarios y educación artística. Su vigencia radica precisamente en apuntar hacia un despertar cultural dentro de uno de los países más pobres de Latinoamérica. Ya se ha dicho: sólo en la cultura no existe subdesarrollo. 

Celebro este reconocimiento en una época donde los premios de este tipo están mediados y gestionados por las editoriales transnacionales y sus muy cuestionables maniobras para fijar el canon. Así que dejo estas dos citas de Antonio Gramsci que me refieren de inmediato al compromiso de este imprescindible intelectual centroamericano: "Decir la verdad es siempre revolucionario." y "El reto de la modernidad es vivir sin ilusiones, pero sin desilusionarse.".

1 comentario:

juan carlos carrera dijo...

Salud por Cardenal y por no desilusionarse!