miércoles, 29 de febrero de 2012

¿OTRA PARA EL CAMINO?

Retener la inocencia colectiva es un trabajo inútil. Sacar a relucir banderas morales cuando se necesitan argumentos políticos, es poner muy lejos las soluciones cuando más se necesitan. De eso que la polémica acerca de despenalizar el consumo de drogas me lleve a esta reflexión.

Un alto porcentaje de hombres guatemaltecos nos iniciamos tempranamente en el consumo de alcohol. Nuestro apego adolescente a la bebida crece en paralelo a la necesidad de traspasar barreras sociales. En una sociedad donde la baja estima es la norma, es acaso el trago la única manera de enfrentarse a la timidez heredada y a la nula espontaneidad propia de las sociedades con un largo historial de autoritarismo. Si a esto le agregamos la influencia que tienen las empresas de bebidas alcohólicas en el Estado, en los medios de comunicación y en las fantasías aspiracionales consumistas de los guatemaltecos, podremos dar fácilmente con el diagnóstico de que los chapines vivimos bastante lejos de la sobriedad y de la mesura. Puedo anticiparme en el dato de que la cantidad de alcohólicos, hombres y mujeres, es ya de varios millones en Guatemala.
Es curioso, pero en un país donde todo esto sucede, plantearse el despenalizar el consumo de drogas es un tabú. Muchas opiniones al pie de los artículos de prensa y en las redes sociales son adversos a plantear tan siquiera una discusión acerca del tema. Un comentario del Presidente desata inmediatamente un fanatismo medieval por parte de una sociedad que aún considera los estimulantes ilegales como la raíz de todos los males. Condenar el consumo de una droga no es otra cosa que esconder los síntomas para no enfrentarse a la causa de la enfermedad.

Hasta hace poco México y los países de Centroamérica se reconocían como puentes para el trasiego de drogas para los Estados Unidos, actualmente somos el campo de batalla del narcotráfico en el continente. Se trata de una guerra en la que tenemos la peor posición. Una guerra que se avizora como una debacle inmediata, si las decisiones de nuestros gobiernos se van por la vía del conservadurismo demagogo y del análisis miope para una realidad por demás cruda y evidente.

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