miércoles, 4 de enero de 2012

APOCALYPSE NOW

Entre creer y dejar de creer, la profecía que apunta al año 2012 como el último que viva la humanidad sobre este planeta, es el mayor fenómeno publicitario acerca de la Cultura Maya que ha existido. Documentales en Discovery Channel y Nat Geo resumen siglos de civilización a una hora de tele audiencia consumista y semianalfabeta; se amontonan las sectas new age que claman por una romería hacia la Península de Yucatán con una devoción digna del Festival de Woodstock; la ambigüedad holiwoodense, mitad puritanismo menonita y mitad pornografía de supermercado, nos adereza los poporopos con sus divertidas catástrofes 3D; brotan por miles y miles los líderes espirituales ocasionales, siempre listos para cumplir su misión de guías del turismo de la conciencia que necesita de nuevas experiencias místicas; y no puedo obviar tanta muestra de nacionalismo que concluye que Guatemala es la tierra de los Mayas.

Todo este circo es digno argumento para una novela. La previsible tendencia de lo cool que apunta hacia eso tan invisible y tan negado por la historia chapina: lo indígena. Un querido amigo pintor y escritor, Marco Augusto Quiroa, escribió en alguna parte: el perraje es una prenda que usan las ladinas cuando quieren parecer gringas. Buena síntesis para definirnos a los mestizos. Sin duda este año 2012 subrayará nuestra completa ignorancia acerca de la herencia cultural que le corresponde a quienes sobrevivieron al desastre de la conquista y a la posterior colonización política e ideológica en Guatemala. Especulo acerca de las buenas conciencias gubernamentales y privadas que impulsarán campañas desinformadas de turismo apocalíptico hacia nuestro país, mostrando al mundo los vestigios, las piedras y las ruinas de una cultura ubicada en otro tiempo.

Puede que el antídoto ante toda esta mediocridad sea la voluntad por mostrar la presencia de la Cultura Maya en el presente. Sus pensadores contemporáneos, sus artistas, sus idiomas, su propia manera de asumir su belleza. Lo verdadero de todo esto no es únicamente arqueología, sino algo vivo, algo que no se simplifica en los quirófanos de la antropología y de las estadísticas, sino en las acciones que llevan a la nueva sociedad indígena a asumirse como ciudadanos del mundo y no como meras víctimas de la historia.

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