jueves, 16 de junio de 2011

PREFIERO EL SILENCIO.

Prefiero el silencio, a la absurda práctica de las mentiras. Prefiero lo nuevo, a lo viejo comprobado. Prefiero ver los apretones de mano, a las actas y a los contratos. Prefiero los errores expuestos, a las perfecciones aparentes. Prefiero estar afuera de la prosperidad, a estar adentro del delito. Prefiero concluir un libro, a leer una noticia. Prefiero acumular ideas, a llenarme de dudas. Prefiero escribir acerca de quienes crecieron conmigo, a escribir sobre los grandes problemas del mundo. Prefiero hablar con quienes toman cerveza en las tiendas, a los foros intrascendentes sobre corrección política. Prefiero la memoria sin resentimiento, al olvido indiferente. Prefiero a los que nos muestran verdades incómodas, a los que prometen democracias falaces. Prefiero a los que fuman marihuana, a los que violan niños en las iglesias. Prefiero a los revolucionarios activos, a los militantes del fracaso. Prefiero a los intelectuales periféricos, a los cosmopolitas mediocres. Prefiero los discos, a los videoclips. Prefiero los carros viejos, a las camionetas polarizadas. Prefiero ver crecer a mi hijo y tener algo de qué hablar con mi esposa, a envejecer rodeado por desconocidos. Prefiero un lector sincero, a un premio literario. Prefiero un anarquista, a un activista pajero. Prefiero una opinión sincera, a un análisis incierto. Prefiero encontrar amigos, a lograr aliados. Prefiero gastar en un buen libro, a comprarme un teléfono caquero. Prefiero terminar un principio, a comenzar un final. Prefiero un pasado vivo, a un presente muerto. Prefiero las mañanas, a los medios días. Prefiero asistir a los estrenos, a presenciar los homenajes. Prefiero ir al dentista, a una parranda con reguetón. Prefiero un ladrón de celulares, a un accionista bancario. Prefiero cualquier cosa, a un político guatemalteco. Prefiero andar a pie tranquilamente, a tener un chófer y cuatro guaruras. Prefiero la brillante ingenuidad, al conocimiento sin entusiasmo. Prefiero la luz de la mañana, a las estrellas intermitentes. Prefiero –como dice la poeta polaca Wislava Szymborska– los países conquistados, a los países conquistadores. Prefiero lo absurdo de escribir y pensar y hacer y creer, a lo absurdo de no hacer ninguna de estas cosas.

miércoles, 8 de junio de 2011

CREDO

Mi credo: Creo en Joaquín Orellana, genio creador de nuevos sonidos para un país que no cicatriza.

Creo en Carlos Mérida, filósofo del color que encubre cualquier silencio y cualquier vacío.

Creo en Luis Cardoza y Aragón, porque nos dio un nombre y nos dio palabras y nos dio un espejo para reflejarnos.

Creo en Roberto Cabrera, en su integridad intelectual y en su compromiso con el arte.

Creo en Mario Monteforte Toledo, por nunca claudicar.

Creo en Augusto Monterroso, a quien le debo aquella fábula del rayo que cae dos veces en el mismo sitio.

Creo en Francisco Tún, la única cordura digna, esa sensibilidad callejera que no cae de rodillas.

Creo en Isabel Ruiz y en Luis González Palma y en Moisés Barrios, por hacer ese episodio memorable llamado grupo Imaginaria.

Creo en los jóvenes artistas de San Pedro la Laguna y de San Juan Comalapa.

Creo en Luis de Lión y en Francisco Morales Santos y en Isabel de los Ángeles Ruano y en Margarita Carrera y en Luz Méndez de la Vega y en Ana María Rodas y en Roberto Monzón, los poetas, los nombres que nos nombran.

Creo en mis amigos escritores y artistas que traen consigo un futuro más humano.

Creo en los intelectuales que no llegaron a ver el presente porque el pasado -que quiso silenciarlos por la violencia- no pudo contra su espíritu.

Creo en Lisandro Guarcax y en el grupo Sotzil Jay.

Creo en todos aquellos que buscan sacarnos de esta noche eterna y nos traen de nuevo la luz.

Creo en el Pop Vuh, en El mundo como flor y como invento y en todos los verbos de este lado del planeta.

Creo en el valor de dar el primer paso y de dar la primera palabra al frente.

Creo en quienes nos conceden una esperanza común, algo de aire fresco en medio de tanta soledad histórica y de tanto fracaso.