miércoles, 14 de diciembre de 2011

NI DEL REAL NI DEL BARSA

La posibilidad de un curioso regalo navideño nos llevó a mi hijo, a un querido amigo y a mí, por todas las ventas deportivas –formales e informales- del Centro Histórico. Se trataba de una cosa muy sencilla: una bufanda, una camisola o algún souvenir de algún equipo de fútbol departamental.

Del Mercado Central al Amate, yendo de tienda en tienda… y nada. La pregunta de mi amigo era la misma: ¿No tiene algo que no sea ni del Real Madrid ni del Barcelona? Ante lo que el vendedor nos mostraba una camisola de los rojos o de los cremas. Ningún equipo de provincia. Cuando llegamos al Amate, los vendedores (en su mayoría personas del interior de la República) nos miraban con escepticismo y nos respondían: “Es que a esos nadie los quiere”. Al preguntarles cuál era su equipo favorito, de inmediato respondían alguno de los fundamentales en la Liga Española. Mi amigo y mi hijo estaban sorprendidos. Recordé un congreso relacionado con el pensamiento Maya al que asistí en Santa Cruz del Quiché, donde luego de participar en foros acerca de la importancia de revalorar la cultura ancestral y de reflexionar sobre la herencia que el racismo colonial a dejado en los ladinos guatemaltecos, salimos a almorzar a un restaurante con un televisor transmitiendo un partido mundialista entre Alemania y España. Para sorpresa de los amigos europeos y norteamericanos panelistas, las mesas estaban repletas de adolescentes indígenas con camisolas de las selecciones españolas o alemanas.


Así es el futbol para los chapines. Curioso que un guatemalteco que necesitaría huir de las duras leyes antimigrantes que existen en los países que tanto celebran durante una Champion League o durante un mundial, defienda con visible vehemencia una realidad tan lejana a la suya. Somos quienes van de prestado -negando para nosotros mismos a todos esos perdedores indeseables ajenos al mercado de vencedores- y encontrando en el patético acto de negarnos a nosotros mismos, esa responsabilidad sana de reflejarnos frente a nuestros propios espejos.

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