miércoles, 28 de diciembre de 2011

EL PARAÍSO ES DIFÍCIL

Un año que parecía no acabarse nunca. Una vuelta de trescientos sesenta y cinco días concluida en extremo agotamiento. Tantos titulares en los diarios repitiéndose semana tras semana con apenas algunos matices y algunos cambios. Mucho talento perdido, mucha sangre derramada… esa monotonía de la debacle y del desencanto que hacen de Guatemala un paraíso difícil, un paraíso violento, un paraíso miltoneano y perdido. Imágenes de una campaña electoral que dan ganas de olvidar, aunque permanezca el vestigio de algunas vallas panorámicas que nos recuerden que desgraciadamente no vivimos en el país que queremos, sino en el país que merecemos.

Así, amigo lector, quiero pedirle que no haga una lista de propósitos imposibles para el nuevo año 2012, le pido -al contrario de lo que cacarearía cualquier motivador de oficio- que piense bien cuáles son sus verdaderos deseos y qué tan alcanzables pueden ser. ¿Y por qué razón le pido esto? Mi respuesta es simple: somos una sociedad que se vale de los sueños inalcanzables para justificar su inacción y apatía. Si en algo somos realmente expertos los guatemaltecos es en los planes a corto plazo. Bueno, este inicio de calendario puede ser el pretexto para iniciar el compromiso real con lo asequible, empezando con el muy complicado ejercicio de vernos con distancia y con crítica a nosotros mismos. Nuestras falsedades y asperezas. Acerquémonos con pesimismo crítico a lo que nos está pasando, pero convirtamos ese pesimismo en voluntad de cambiar, al menos, nuestro pequeño espacio vital. Ya que el optimismo es muy parecido a esa desagradable experiencia de servirse el jabón y luego prender un lavamanos que no tiene agua.

Con estas palabras quiero agradecerle su lectura y desearle un año de cambio, de claridad y de prosperidad, para usted y para los suyos. Feliz 2012.


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