miércoles, 19 de octubre de 2011

12-E

Al llegar a Los Encuentros mi desánimo fue enorme. Unas cien personas, muchas de ellas con cajas y canastos puestos en el suelo, hablaban sin despegar los ojos de la carretera. Mi chumpa estaba tan mojada como un trapeador, tenía encima la lluvia de tres días. Esa mugrosa llovizna que cae como talco desde el cielo y no cesa. Comenzó a llover la tarde del lunes, siguió sin detenerse el martes, continuó el miércoles y para el jueves todo era charco, lodo y desastre.

Al preguntarle a la dueña de una caseta si estaban pasando camionetas para la capital, se rió, me dijo que con suerte habría el viernes o el sábado o cuando llegaran los tractores a quitar los derrumbes en la carretera. Sentí angustia, tenía que volver a la capital con mi familia y con mi trabajo. Sin plata para hospedarme, comer o comprar una tarjeta de teléfono, me sentía jodido. No me quedaba más que esperar con los demás. De pronto apareció una extraurbana que decía Guate y la llenamos en un par de minutos. Éramos tantos que casi no se podía respirar. Logré la orilla de un asiento junto a un anciano indígena que llevaba sombrero y que de inmediato se corrió para que yo cupiera.

El chofer tomó por un viejo camino. Un estrecho enlodado rodeado de cerros y barrancos. A momentos las llantas comenzaban a resbalar por el lodazal. Cinco veces tuvimos que bajarnos a quitar las piedras o a machetear las ramas de los árboles caídos o –incluso- a improvisar un equipo de socorro para los camiones de los vendedores ruteros atascados. Al superar los obstáculos nos saludábamos y así, mojados y enfangados, volvíamos a nuestro sitio. El anciano me dio un trapo para secarme, yo le dije que estaba harto de tanta lluvia, fue entonces que me respondió con estas palabras: Lo que pasa es que llueve porque la gente no llora. Si no lloran todos los que tienen que llorar, los cielos no van a tranquilizarse.

Cinco horas y media después llegamos a la Calzada Roosevelt y siguió lloviznando.

4 comentarios:

Gabriela Cordón dijo...

Hermoso. Gracias.

Miss Trudy dijo...

Wow. Todas las ramificaciones en las que la deja a una pensando las palabras del anciano. Habrían de llorar muchos, especialmente cuando se leen reportes de como estos derrumbes que causan tanto daño y pérdidas se podrían prevenir con medidas más o menos simples por parte de gobiernos conscientes. Pero no lloran los que debieran. Lo único bueno de estos desastres es que nos obligan a hermanarnos con los demás.

Larry de León dijo...

Profundo Brother! Esa es la visión del que esculpe con la PALABRA creadora!

E. L-e-V. dijo...

Muy cierto... todos necesitamos llorar mas... :)