miércoles, 22 de junio de 2011

GOBERNEITOR

Curiosamente aquella montaña de músculos que fuera el ícono cinematográfico de la política norteamericana durante la era Reagan, hoy en día pasa tan mal momento, como el que experimentara aquel pobre Bill Clinton declarando sobre el asunto Lewinsky. El supremo gladiador de la moralidad M16, don Arnold Schwarzenegger, se enfrenta a su empleada guatemalteca, que lleva más de una década trabajando para él y compartiendo el mismo techo junto a su hijo adolescente que resultó ser,¡oh paradoja!, hijo del actor.

Ni todas sus grotescas actuaciones como padre embarazado o como cazador de alienígenas en Centroamérica lo libran del gran camote que significa haber vivido todos estos años compartiendo su vida hogareña con su hijo ilegítimo Sargeant, sin reconocerlo. Que California haya elegido a un gobernador como Schwarzenegger evidencia el populismo inserto dentro de la política estadounidense. La ingenuidad del ciudadano que no diferencia entre el “actor” construido por publicistas y el líder, es desesperante. Poner en manos de espejismos mercadotécnicos la realidad de la administración pública es el peor de los males de la política contemporánea.

La sonrisa postal que los electoreros lucen para representar la moral, los valores conservadores o las familias integradas, resultan siendo tan falsas como las lágrimas de Terminator. Imagínese usted, si esto sucede dentro de las entrañas de uno de los sistemas políticos más ordenados del mundo, ¿qué podemos esperar de los goberneitors guatemaltecos?

Es muy común que los adalides de la moralina convivan con sus pecados dentro de su propia casa. Defectos humanos que no tendrían nada de extraordinario, si no fuera porque concentran todo lo que ellos mismos señalan y quieren combatir.

Predicadores perdidos en prostíbulos sado, célibes sacerdotes mediáticos que mantienen romances en playas caribeñas, mafiosos que apelan por la pena de muerte y demagogos de la pobreza que no saben lo que es pasar hambre. Todo esto choca con la realidad concreta, cuando luego de cazar ingenuos, sus mismos fantasmas surgen y dejan desnuda su condición de seres humanos atrapados entre su propia imagen y sus discursos fanáticos.

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