miércoles, 1 de junio de 2011

ELECCIONES EN CAJA NEGRA

Cuando se acabó el foro, se acabó la política en Guatemala. Es claro que al modelo conservador chapín ya no le queda nada más qué ofrecer, ¿para qué darle argumentos racionales a una población acostumbrada a la imposición por la fuerza y a la violencia? Así, los candidatos a la Presidencia -al menos los mejor favorecidos por las encuestas- parecen rehuir al debate abierto y prefieren refugiarse detrás de sus respectivos púlpitos. Tal parece que apelar al revanchismo electoral, al sermón moralista o a la frase simplona, son las únicas vías de acercamiento que conocen sus equipos de campaña. Sin intelectuales, sólo queda lo peor de esa mercadotecnia de propaganda que vemos por todos lados.

No hay puntos de acción que los actuales candidatos puedan explicar sin tener los sustantivos Dios o Pueblo en la punta de la lengua ¿Tanto es el menosprecio que sienten por los votantes, que ni siquiera pueden ofrecernos una alocución digna? No conozco de ningún debate en el que participen de forma coherente esas empresas, aquí llamadas, “fuerzas políticas”. Unos rechazan entrevistas, otros se dan el lujo de pelear con la prensa. ¿Cuándo se fue la gente pensante de la política?

Quienes podrían devolverle la dignidad a la administración pública, están, en este momento, ganando muy malos salarios y soportando las jerarquías mediocres que impone la coyuntura en Guatemala. Académicos, humanistas, creadores, científicos, expertos... todos desperdiciados en las márgenes. Una verdadera fuerza política apostaría por incluirlos dentro de su plan de gobierno, ellos, no los narco-empresarios que ponen el pisto para la campaña, tampoco las figuritas públicas de poca monta ni los correligionarios biliosos que hacen sus shows en el Congreso, pueden darnos una esperanza racional para sacarnos del eterno pasado y de la continua crisis. Confucio decía que no tener a los mejores en los puestos importantes, era el peor crimen que se puede cometer al administrar el poder. Una frase anónima dice “Cada pueblo tiene el gobierno que merece”. Tan claro como el agua.




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