miércoles, 18 de mayo de 2011

GUATEMALAN PSYCHO

Mientras cenamos, una guapa presentadora de televisión -con el cabello correctamente planchado y teñido- nos informa acerca de un nuevo cadáver que fue hallado en distintos puntos de la ciudad capital. Usa la palabra “descuartizado”, usa el consabido “ajuste de cuentas entre pandilleros” y usa la muletilla de “otro hecho de sangre...”. Nos quedamos en silencio viendo las porciones de imágenes que dan testimonio de la noticia: un bombero levantando los restos, unos niños saludando a la cámara y dos personas del Ministerio Público recogiendo la posible evidencia. Tanto espanto dura sólo tres minutos y antecede a una larga fila de sucesos similares.

¿Inseguridad? Pues sí, ¿pero acaso esto es nuevo? Si algo ha frutecido en Guatemala desde los dorados tiempos de Jorge Ubico ha sido eso: la violencia, la impunidad y la tortura. Seguramente un grupo de abuelitos quisquillosos renegarán de lo que acabo de decir, claro, siempre hablan bien de los dictadores aquellos que los sobreviven, aquellos que no sufrieron lo que otros -tal vez inocentes, tal vez no- atravesaron simplemente por tener la apariencia de pobres y, por tanto, de criminales. Somos una sociedad con un generalizado Síndrome de Estocolmo, donde a cualquier beato pistolero le entregamos toda nuestra devoción por que de verdad tiene“huevos” para gobernar. La imagen del Capo-Padrino es muy común por eso, ejemplifica al protector de la comunidad, le perdonamos sus acciones ilícitas, pero nos mantiene limpio de ladrones y delincuentes el pueblo. Esta es la gran lógica guatemalense: contener el delito común, para favorecer a los grandes criminales.

Frente a los indescriptibles sucesos de los días recientes, ¿qué puedo añadir?, comparado con las primeras planas de los diarios guatemaltecos de este mes de mayo, la leyenda de José Miculax Bux queda relegada a la biografía de un enanito de Blanca Nieves. Una masacre que nos remite de inmediato a los escenarios de carnicería que dejó la Guerra Fría en nuestro país. Sería ingenuo creer que se trata sólo de acciones de narcos contra narcos, todo parece indicar que otra guerra está a la vuelta de la esquina, una guerra “nueva”, pero muy bien alimentada por los viejos métodos patronales de negociar y de someter.


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