lunes, 25 de abril de 2011

VAMPIROS

Al parecer los vampiros vegetarianos de Stephenie Meyer (Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse -entre otros libros-) moldean día con día a los adolescentes que palidecen resguardados detrás de las garitas residenciales. ¿ Y qué otra cosa podría engendrar esta cultura de confort globalizado? Claustros para que los muchachos actualicen su compulsión por Twitter, mientras escarban en las fotografías de sus amigos en Facebook, tras el rastro de la fiesta que se perdieron, porque sus papás -que existen gracias al teléfono celular- opinaron que rodearse de muchachos de la misma edad es algo demasiado peligroso. Aquí es donde las figuras góticas diseñadas por Meyer para sus best-sellers, encajan perfectamente con ellos: oscuros, incomprendidos y co-dependientes. Siempre en busca de relaciones destructivas para llegar a alcanzar un poco de humanidad en sus vidas. Siempre sentados en el asiento trasero del vehículo familiar, sin deseos de hacer nada más que permanecer en ese encierro de dietas extrañas, música deprimente y cabello disparejo. Lectores ocasionales de relatos que les demuestren que el mundo es algo menos candoroso y mucho más maldito que una película de Disney. Soledades llenas de teclas fáciles de maniobrar a través de una publicidad omnisciente, omnipresente y omnipotente. Algo debe suceder también en los padres, que anegados en su labor de proveedores efectivos de la sangre que los alimenta, no se dan cuenta que existe un peligro más grande para sus cachorros: perder ese contacto necesario con la realidad. A esa distancia comprendo muy bien el éxito de este tipo de publicaciones: le hablan a una generación que asume una completa distancia con los problemas del mundo, ya sea porque creen que se agotaron todas las soluciones o porque, en ese gran útero que representa el consumo, la única vía para ser feliz es dejándose absorber por un sistema infectado de promesas. Pero el encierro termina y entra la luz del día. Entonces, como en las novelas de vampiros, todo se convierte en cenizas.


1 comentario:

Editorial Germinal dijo...

Todo esto me pareció a la teoría de los "analgésicos sociales", esa cantidad de mierdas que le clavan a la gente para que no tenga opinión propia ni opinión crítica, sino que, una de dos, o se dedique a viajar en una nube onírica fuera de la realidad o, caso más normal, delegue todas las responsabilidades en los políticos y el poder de turno. Saludos, brother.