jueves, 28 de abril de 2011

LAS CLOACAS

Mi amigo me ve y con un dejo compasivo me dice: Guatemala quedó muy dañada por la guerra, vos sabés que esas heridas nunca van a terminar de cicatrizar. Asiento y no doy más discusión. Se trata de un académico guatemalteco que desde hace más de dos décadas dicta cursos en una universidad norteamericana, no es extraño que su manera de vernos sea la de un extranjero.
La distancia nos impone una perspectiva muy distinta. Este país desde lejos parece un paraíso en desventaja, una provincia sacudida por la injusticia, la desesperanza y el fallido intento de modernidad. Salir de aquí es el sueño del civilizado, del progresista, del que no tolera la aberración politiquera y el torpe desorden que nos impone la cotidianidad guatemalteca. Luego, cuando vuelve, llega con todo resuelto: las cosas son así porque... el indígena es esto... el ladino es lo otro... el gobierno... la sociedad... Estar afuera de este terrible escenario, al parecer, provoca una epifanía esclarecedora que resalta los defectos imposibles de observar para quienes vivimos adentro.
Debajo de las suelas de nuestros zapatos encontramos generaciones y generaciones de acciones egoístas que forman lo que somos. Este ser, pensar y actuar en beneficio de nosotros mismos. El conflicto armado fue acaso el culmen de todas esas indiferencias. Digo indiferencias porque a la fecha es muy fácil encontrar posturas ideológicas completamente cerradas al mundo y que mantienen una lamentable vigencia política en nuestra sociedad. Cosas que pasan del racismo más descarado, al completo desprecio por el presente en función de un pasado autoritario y criminal. Una gran cantidad de guatemaltecos opina que las cosas se solucionan imponiendo más distancias. Suprimiendo el diálogo para favorecer únicamente a los “sectores organizados”.
La huella de la guerra no es todo el problema, la guerra nunca va a concluir en Guatemala, porque es algo continuo e inseparable de nosotros mismos. Al no existir interés por dar soluciones, estamos acumulando impunidad y miseria en el subsuelo. Tarde o temprano todo estalla, se rebalsan las cloacas, vomitando todo ese pasado guatemalteco que aún sigue intacto.

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