miércoles, 16 de febrero de 2011

EL PAISAJE DEL PAISAJE

¿Qué rostros hay detrás de los nuevos rostros de la política partidista? Respuesta: las mismas miradas opacas, con las mismas intenciones de siempre. No encuentro en sus miradas otra cosa que la continuidad histórica de la infamia. ¿Qué otra cosa es la infamia en Guatemala, sino la negación de la historia? Nuestra historia escrita encima de quienes apenas reciben un párrafo entre mil páginas. Unas cuantas mujeres, unos cuantos indígenas, nada más. Detrás de los rostros de los actuales candidatos y aspirantes a gobernar Guatemala están las ramas de ese árbol genealógico de la intolerancia. Detrás del alcalde con rostro indígena, puede estar escondido un inmisericorde capataz de finca. Detrás de la mujer con discurso radicalmente femenino, puede ocultarse el macho más mezquino y prepotente. Detrás del empresario joven, puede estar el rostro de este viejo sistema guatemalteco corrupto y reaccionario.

Curiosamente, las cacareadas “nuevas generaciones” imponen que los rostros sean distintos y diversos. Algo que la añeja politiquería guatemalteca entiende como un renovar sus máscaras. Máscaras en todo, en la ideología, en la historia, en el presente y en esa falacia que nombramos futuro.

Con mucho esfuerzo lograremos esa historia oculta, la de los que no están nombrados. La historia de aquellos que hoy no son más que estadísticas dentro de los informes de la cooperación internacional, la de los acarreados a mítines, la de aquellos que vistos desde el poder no son más que el paisaje del olvido. Para salir adelante no necesitamos únicamente que los rostros sean nuevos en la política, necesitamos -ante todo- una manera nueva de hacer política.

miércoles, 9 de febrero de 2011

TODOS TUS MUERTOS

En dos horas hablamos de todo. Me contaste que tenías resaca, que habías tomado mucha cerveza la noche anterior, y yo remedé aquella cita que le refieren a Miguel Ángel Asturias: En Guatemala sólo borracho se puede vivir. Me comentaste que te cuesta mucho levantarte cada mañana, que no tenés un trabajo estable, que vas dejando currículums de un lado a otro y que preferís andar kilómetros a pie, antes que subirte en una camioneta para que te maten. Luego pasamos a la desagradable necesidad de opinar acerca de las elecciones, aquí, en este país donde los partidos y sus representantes tienen una moral similar a la de un violador de niños. Nuestras conversaciones que antes eran agradables, ahora parecen sombrías. Salió el tema del artista de Caja Lúdica que asesinaron la semana pasada, guardamos un silencio incómodo, apreciábamos al chico y maldijimos a sus asesinos, los asesinos de nuestro ánimo y de nuestras esperanzas. Me comentaste que estabas preocupado porque tu novia estaba embarazada y que te sentías cruel e irresponsable por traer un niño para vivir en medio de esta situación tan podrida, de horizontes tan lejanos, en este país donde oponerse al facismo es ganarse una bala nueve milímetros en medio de la cabeza.
En dos horas conversamos acerca de todos nuestro muertos y de lo difícil que ha sido enterrarlos. Ya no queda tiempo para el duelo o el espanto, ya nada nos sorprende. Nuestras pláticas de viejos amigos ahora se reducen a eso, a mascar la amargura y el desaliento de todos. De pronto se oscurece la tarde en las calles del Centro, vos agarrás por tu camino y yo me vuelvo a mi casa, en silencio, disimulando que no me siento triste.