jueves, 21 de octubre de 2010

CLASE MEDIA 2020

Imagine la Ciudad de Guatemala con 13 millones de habitantes. Quince mil de ellos tienen el privilegio de contar con un techo y los servicios básicos : electricidad, agua ozonificada y oxígeno. Las familias estarán conformadas por madre, padre (opcionalmente), un hijo pequeño y uno adolescente, que vivirán en colonias residenciales a las afueras del Departamento de Guatemala, dentro de una confortable y segura colonia residencial amurallada, por supuesto, por una fortaleza de hormigón a prueba de bombardeos. El precio promedio de una casa con 3 cubículos para dormir y una sala transformable en comedor y baño, será de cuatro millones de dólares (unos 85 millones de quetzales) pagaderos en veinte años plazo a interés variable.

Habrán excelentes oportunidades profesionales para clasificar y embalar el material de desecho para revender a otros países del Tercer Mundo. Cada trabajador tendrá un sueldo digno, que será depositados directamente, como abono, a su tarjeta de crédito.

La vida política no será muy distinta a la de hoy, la diferencia estará en que sus períodos de gobierno serán de dos años y las elecciones presidenciales se harán a través de mensajes de texto.

En cuanto a lo religioso: tendremos muchas iglesias consolidadas a partir de la fe en el emprendedurismo y el management pentencostal.

Los museos serán trasladados a los parques temáticos construidos -alrededor, sobre o debajo- de los sitios arqueológicos. Y todo lo referente a la educación primaria, media y superior se impartirá desde la pantalla-monitor principal de la casa, ya que las escuelas serán usadas como cárceles de máxima seguridad para funcionarios públicos acusados de corrupción.

viernes, 15 de octubre de 2010

NAZIS

Me entero de que más de mil guatemaltecos fueron utilizados para realizar experimentos de laboratorio durante la década del cuarenta, y lo único que me viene a la mente es que los nazis en realidad ganaron la Segunda Guerra. Los exterminios financiados por el Gobierno de Estados Unidos durante la Guerra Fría en países de Asia, África y América; las mal disimuladas políticas de intervención económica sobre los países pobres; las miles de formas de racismo y xenofobia que han demostrado a lo largo de décadas... todo confirma que esas prácticas nazis se han institucionalizado en lo peor de la política norteamericana. Bueno, y por el otro lado, los regímenes socialistas hicieron del genocidio y de la represión violenta a cualquier tipo de libertad su rutina de equilibrio de poder, logrando con esto mantener dictaduras aberrantes y dejando países baldíos en manos de mafias criminales.

¿Y nosotros? Es evidente que los guatemaltecos despreciamos nuestro presente, porque siempre nos sentimos rebasados por el pasado. Nos ofende el enterarnos de que las inoculaciones experimentales tuvieron lugar durante el gobierno de Juan José Arévalo, como si fuese blasfemo decir que en su gobierno también se cometieron errores lamentables. Ningún pasado ha sido mejor y pensar lo contrario es quedarse eslabonado a la imagen de una época dorada que no volverá a repetirse. El primer paso para liberar el presente, es liberar el pasado. Es necesario entender que cada transformación es un inicio y no una culmen.

Es ridículo, sino triste, encontrarnos con reaccionarios que no pueden ver más allá de su cobertizo ideológico. Quienes pierden objetividad defendiendo la inocencia del Gobierno de Estados Unidos y quienes ven en la Revolución Guatemalteca una galería de heroicas fotos sepias, se llenan de excusas para no enfrentar un presente que es complejo y difícil, pero transformable.