viernes, 3 de diciembre de 2010

SABOR A NOBEL

No soy un lector de nobeles, quizá porque le he perdido afecto a los reconocimientos literarios. Y no es mala leche o afán de polemizar gratuitamente. Sucede que me provoca un gran desencanto la manera como lo mercadean y lo promueven las casas editoriales transnacionales. Por su parte el tribunal político-intelectual europeo parece agendarse cada vez más en la manida corrección política, tratando con ello de mantener la vigencia cultural de la vieja Europa.
Mario Vargas Llosa. El escritor latinoamericano más reconocido ha dejado libros imprescindibles. Su sobriedad decimonónica y su errático juicio político le ha ganado una enorme cantidad de simpatizantes y detractores. La ciudad y los perros fue una transfusión de sangre nueva en la vena llorona del realismo latinoamericano. Un libro que me dejó perplejo y que recuerdo haber terminado en tres días. Un libro inevitable. En contraposición me encuentro con el Vargas Llosa actual, preocupado por los grandes temas, exhibidor técnico de su rigor formal y de su oficinesco trabajo literario. Hoy en día sus novelas son como ir a visitar un museo.
Tal vez en la carrera por alcanzar el Nobel muchos autores han perdido su alma. Aquellos que empujaron la cuesta y lograron caerle bien a los suecos, para luego enrollarse en inacabables novelones gratos al entusiasmo consumista de los caza-novedades editoriales. Durante un año sus libros llenarán los anaqueles de los supermercados, para luego caer en el vacío de ser un objeto de colección, lo que significa: no ser leído. Viéndolo desde el otro lado de la barrera, pienso en lo que significa escribir bajo las circunstancias más difíciles y ser publicado desde la invisibilidad de países como Perú o como Guatemala. Pienso en la permanencia alcanzada a fuerza de aprender, corregir y empezar de nuevo, intento tras intento, buscando quizá no ser comprendido sino hasta dentro de mucho tiempo y por otros lectores en otras sociedades. Así es como me quedo con el Vargas Llosa de los sesenta, sin Nobel a cuestas.

1 comentario:

el Garza dijo...

Los premios pesan cuando se transforman en el objetivo oculto del escritor... el mismo caso de garcía-marquez... prefiero el vargas-llosa de antes...