miércoles, 10 de noviembre de 2010

VIENTO FUERTE

El viento fuerte se lleva la falsedad de nuestras palabras. Las palabras de las “buenas voluntades”. Las palabras débiles que gradualmente van perdiendo sentido en nuestro país.

Somos un país literario, definitivamente. Quizá porque nuestra imaginación es más poderosa que nuestra realidad. Porque es en el arte donde cobramos un verdadero significado. Porque nuestra vida cotidiana está despoblada de claridad. Porque estamos muertos en la acción, pero estamos vivos en las palabras. De eso que emerjan tantos nuevos escritores.

Los más jóvenes escriben y editan con un propósito muy claro: darle un contenido a su muy complicado presente. Sin el ala protectora de la ideología. Sin el amparo de una oficialidad deslucida. Sin esa compleja bisagra de agentes literarios y uniformidades mediáticas o editoriales. Sus trabajos literarios no viene cargados de ese complejo de “provincia” o de exilio que obsesionó a los artistas guatemaltecos del Siglo XX. Acaso porque la avanzada intelectual está ahora más cercana. Más próxima. Y no hace falta un pasaje de avión para entender que los problemas humanos están tan presente aquí, como en cualquier parte del mundo.

Bienvenidos sean los libros. Editoriales como Catafixia, Vueltegato, Mata-Mata, Magnaterra, Cultura o Letra Negra son cunas de una nueva generación de creadores que están pensando el país lejos de los maniqueísmos y mediocridades de su política electoral. Su trinchera es una creación constante, pero poco atendida por los medios de comunicación (siempre conservadores) y por los que se dicen voceros de una nueva generación. Atención a ellos, porque la cultura es una manera sutil pero transformadora de hacer política, y es en los más jóvenes donde aguarda nuestra esperanza. Nuestro verdadero Viento Fuerte.

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