lunes, 8 de noviembre de 2010

PIRATAS


Un ejército de vendedores informales invade la ciudad cada día. Arrastran carretas o cargan enormes maletines llenos de cedés y devedés piratas. Unos tienen sus puestos colocados por todo el Centro Histórico. Otros van de ambulantes ofreciendo su producto de restaurante en restaurante. Estrenos que ni siquiera han llegado a las cadenas de cine y discografías completas de grupos y cantantes del momento. Algunos puestos de piratería lograron tal nivel de sofisticación, que uno puede encontrar películas fundamentales de Eisenstein, Bergman, Fellini o Kiarostami a diez quetzales. Algo muy curioso, porque abre una posibilidad opuesta al gusto mediocre y adocenado que priva en las tiendas de vídeo.

¿Qué sucedería si de pronto comenzaran a aplicarse de forma severa las leyes de propiedad intelectual en Guatemala? Sencillo. Esta enorme cantidad de personas que trabajan en la marginalidad no tendrían otra opción que aumentar las filas de desempleados, con lo que tendríamos mayor delincuencia. Escogieron la piratería porque requiere menos inversión y se vende rápido. Así, con cincuenta quetzales, una persona sin trabajo puede comprar veinte discos, meterlos en una mochila y salir a venderlo a los transeúntes.

Nuestra sociedad lleva más de una década sin tocar el fondo del fondo. Cuando la ilegalidad es lo que sostiene nuestra economía, es porque los caminos para el desarrollo están cerrados. Y están cerrados porque nuestro conservadurismo político y económico ha terminado reduciendo la clase media a cenizas, empujándola, prácticamente, a una sobrevivencia caótica. Trabajadores sin empleo. Empleados sin salarios dignos y sin prestaciones. Contratos laborales sin ningún control por parte del Estado. ¿Podemos esperar entonces que algún día exista un estado de derecho en nuestro país?

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