lunes, 8 de noviembre de 2010

PESIMISMO Y OPTIMISMO


Cultivemos el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad”. La cita es de Antonio Gramsci y me la envía por correo electrónico un escritor amigo. La releo y de pronto encuentro un punto claro: nuestros intentos por darle algo a Guatemala fallan, precisamente, porque invertimos el orden de esta premisa. Creemos que a través de publicitar un optimismo superficial y panfletario vamos a cambiar la dirección de nuestra situación actual. Hablamos bien de nosotros, pero actuamos de forma cobarde y mediocre. Queremos ser optimistas y conformistas al mismo tiempo. Queremos cuestionar al poder, pero no ejercerlo ni transformarlo.

Ocultar con mojigatería los terribles problemas que atravesamos, es lo que nos mantiene de forma permanente en esa larga fila que es el subdesarrollo. Si decimos que el problema del país es la miseria que sobreviven millones de guatemaltecos, nos llaman pesimistas. Si decimos que le hace falta una transformación profunda al esquema económico que arrastramos desde la época colonial, nos ponen el marbete de socialistas o de resentidos de clase. Pareciera que amar nuestro país significara hacer de lado la injusticia y la corrupción que lo encierra, para celebrarnos en la lógica del paisaje o revestirnos con los logros de algunos guatemaltecos que triunfaron en el extranjero. Y tuvieron que hacerlo afuera, porque aquí adentro sólo pudimos regatear su talento.

Antonio Gramsci, el genio revolucionario más grande que he leído (muy poco conocido por los liberales jóvenes, desgraciadamente), señala que es necesaria la acción crítica para llegar a un cambio. Es absurdo tomar por el mismo camino y querer llegar a otro sitio. Es necesaria la claridad de quienes responden con acciones y no con meras opiniones sensibleras.

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