miércoles, 6 de octubre de 2010

MARIMBAS FROM HELL


Ningún artista guatemalteco que yo conozca ha dedicado tanta belleza a la sencillez como Julio Hernández Cordón. Ningún artista guatemalteco, que yo conozca, ha dado vida a personajes tan delirantes, tan complicados y tan tiernos. Creo que en películas como “Gasolina” y en la muy recientemente estrenada “Las marimbas del infierno”, este cineasta guatemalteco ha dejado algo bien claro: el talento no corresponde a la solemnidad, al menos en nuestro país.

En Las marimbas del infierno no existe ninguna mitología nacionalista, tampoco un relato descarnado acerca de la historia guatemalteca reciente. Existe, eso sí, una fascinante exploración por la marginalidad más barroca que tenemos, la de los locos entusiastas que creen y se aferran a su imaginación como única forma de existir. De eso que en ella encontremos a un músico de marimba orillado por el desempleo y por la violencia; a un muchacho “pinta” de la periferia que vive de lo que puede – y con lo que puede-; y a un fascinante roquero de edad madura que no renuncia a su inconformismo heavy metalero. Estos tres personajes arrastran una pequeña marimba por los suburbios con la intención de hacer una inaudita banda de rock que mezcle un poco de cada uno de ellos.

Julio incluye a actores que se representan a sí mismos -hasta yo tengo una participación perversa en el largometraje- y esto hace que la conexión entre el público y el argumento sea inmediato. Sin rebuscamientos dramáticos ni seudointelectuales, Las marimbas, nos habla de una realidad intraducible y extravagante: la de esta sociedad chapina con su candorosa decadencia. La película se está exhibiendo en Cinépolis de Oakland Mall y de Miraflores. Vaya a verla, estoy seguro que saldrá gratamente complacido.


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