miércoles, 24 de marzo de 2010

RESISTENCIA

Pregúntele al ayudante de camión que estudia magisterio en una escuela nocturna. Pregúntele a la empleada doméstica que dejó a sus tres niños pequeños en su pueblo. Pregúntele al anciano que recibe 500 quetzales de jubilación. Pregúntele a la señora con cáncer que está haciendo cola en una banca del IGSS. Pregúntele a la viuda del piloto de bus que mataron la semana pasada. Pregúnteles a los niños que caminan con una carga de leña a la orilla de la carretera. Pregúntele a la mujer que espera el último autobús a las 10 de la noche en la 18 calle de la Zona 1. Pregúntele al hijo del campesino de Huehuetenango que quiere estudiar en la universidad. Pregúntele al que lleva seis meses sin trabajo. Pregúntele a la familia que dejó su casa por huir de las maras. Pregúnteles a los que están trabajando de ilegales en Estados Unidos. Pregúntele al policía que nunca ha aceptado un soborno. Pregúntele al agente de seguridad que gana menos del salario mínimo. Pregúnteles a la madre y al niño con VIH. Pregúntele al pastor que trabaja en los centros de rehabilitación para drogadictos. Pregúntele al vendedor de lapiceros que se sube en las camionetas. Pregúntele a los ex pandilleros que no tienen a dónde ir. Pregúntele al hijo del campesino que se va a graduar de auditor. Pregúntele al funcionario que prefirió ser despedido antes que corromperse. Pregúntele al que logra publicar un libro, grabar un disco o hacer un cuadro. Pregúnteles, ¿qué es para ellos vivir en Guatemala?, y estoy seguro que su respuesta será simplemente: r-e-s-i-s-t-e-n-c-i-a.

miércoles, 17 de marzo de 2010

PRIORIDADES Y PLACEBOS


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El estado y sus prioridades: salud, alimento y educación. El gobierno y sus preocupaciones fundamentales. Pasa el tiempo, pasan las administraciones, pasan las intensiones de desarrollo, pasan los consultores, pasan las enormes inversiones en infraestructura, pasan las discusiones, reafirmaciones, las ayudas internacionales, los discursos en la televisión, las giras de propaganda, las promesas, los encarcelamientos y las persecuciones, pero el estado mantiene siempre sus prioridades: salud, alimento y educación. Los eternos problemas que de solucionarse, acabarían de una vez por todas con la muletilla demagógica de aquellos que no comprenden que “el pueblo” es algo más que un coloso con pies de arcilla dispuesto a venirse encima de ellos.
La gente con hambre no se educa, la gente ignorante no se cura, la gente enferma no trabaja ni produce. Así es como tratar de resolver lo prioritario político, es como un perro que busca morderse la cola. Ninguna de estas necesidades parece resolverse y todos los problemas se amontonan en la puerta sin dejar pasar la solución para ninguno.
Hablar de problemas ecológicos, hablar de cultura, hablar de propuestas para alejar de la violencia a los jóvenes… todo eso puede esperar un siglo sin resolverse. Ponemos siempre lo puntual en lo político. Si se trata de seguridad, saquemos una jauría de sicarios que liquiden a los perros con rabia. Si se trata de hambruna, llenemos estómagos con las sobras que nos quedan. Si se trata de educación, pintemos una escuelita sin escritorios y sin maestros. Si se trata de salud, pongamos más bancas en las salas de espera de los hospitales.
Todos los males urgentes se amontonan en el marco de la puerta. Placebos para grandes males. Somos reactivos a la catástrofe, pero ¿Cuánto tiempo nos dura la indignación? 

miércoles, 10 de marzo de 2010

BLANCO POLARIZADO

En la esquina aguarda un carro blanco con un polarizado espesamente oscuro. No se observa movimiento en su interior, pero la ventana del piloto está levemente abajo, alguien dentro tiene que respirar. Me acerco y trato de observar qué tan oscuras son sus ventanas, y compruebo que son tan oscuras como un lago de petróleo. Mejor seguir caminando.
No he avanzado dos cuadras, estoy buscando mis audífonos en la bolsa del saco. En un par de minutos unas llantas rechinan, suenan disparos rápidos y continuos. La gente de la calle se distorsiona, se sienten atraídos por la balacera, corren hacia ella. Volteo y compruebo que el carro blanco avanza por la calle lentamente y se pone a la par mía. Alguien baja el vidrio a la mitad y logro ver los ojos del copiloto. Dejalo hombre le dicen. Shó, contesta. El vidrio se baja completamente y veo el rostro de un adolescente que saca el brazo y me apunta con una pistola. Me detengo a verlo y, para ser sincero, ni siquiera estoy nervioso, va a disparar, ¿cuál es el problema?, aquí todo el mundo lo hace, me sonrío. Él no parpadea y yo no bajo la mirada, ni siquiera veo el arma con que me está apuntando. Entonces el carro blanco comienza a avanzar y el sicario me hace una seña con el dedo de en medio, aceleran y se pierden. Yo sigo buscando los audífonos y caminando hacia mi trabajo. Busco un chiclero para comprar unos cigarros -Hubo balacera otra vez, me comenta sin mayor dramatismo y le respondo que sí con un movimiento de cabeza.