miércoles, 16 de diciembre de 2009

MEMORIA PERSONAL DEL SUBDESARROLLO

Crecí en medio de dos épocas: la de un profundo miedo y la de un más profundo desencanto.

El miedo que durante la década del ochenta gangrenó a la clase media y dejó como resultado este zoológico de pusilánimes ciudadanos del consumo, incapaces de reaccionar ante el abuso de las cúpulas económicas y políticas que manejan (así, con ese término descaradamente excluyente) el destino de esta migaja del planeta.

Y los aún más deprimentes noventas, donde el desencanto se convirtió en una excusa para la inmovilidad “crítica”. Para muchos fue la época del retorno: el retorno del exilio, el retorno a la democracia. Una democracia impuesta y a la que parecíamos no estar acostumbrados. Nuestros padres suspiraban por que volvieran las ejecuciones extrajudiciales, porque en tiempos de paz era imposible que alguien garantizara un remedio eficaz contra la delincuencia y su constante amenaza al confort y a la propiedad privada. Una izquierda mesiánica y oenegizada llenó sus maletas de discursos y se marchó hacia un pasado sin retorno. Los líderes democráticos fueron atrapados por las enormes burocracias del chachuyo político y a los jóvenes se nos endosó la amargura y el fracaso de una reconciliación que hoy en día nadie toma en serio.

En el 2011 mi memoria personal del subdesarrollo es esto: un pasado que nunca termina, un presente asfixiante y un futuro en la más resignada oscuridad. Es triste lanzar cada día una moneda al aire para decidir si quedarse a sobrevivir en Guatemala o irse buscando posibilidades en otro sitio. Subdesarrollo no es necesariamente pobreza, es indiferencia, es ignorancia, es asumir que la resignación y la asfixia son el único camino que nos queda para mantenernos con vida.



2 comentarios:

...engler dijo...

Una discusión que hemos tenido con un reducido grupo de amigos, algunos con mejores perspectivas que otros, ellos se largaron ya y desde lejos nos cuentan a los que nos quedamos que la vida puede ser mas respirable.

Pienso que los que se quedan teniendo posibilidades de largarse son un poco mas masoquistas que los que nos quedamos argumentando no tener posibilidades inmediatas para irnos.

Al final ni uno ni lo otro resuelven el tema de fondo, el ruido de fondo...

Lester Oliveros dijo...

Como en todo el mundo ha sucedido, hay quienes ya empezaron a hacer sus maletas y otros viven resignados en el oscuro, crudo y viciado olvido. Pero, como hablabamos en el convivio, en todo pais civilizado hay, también, un tercer mundo. Saludos Javier.