miércoles, 11 de noviembre de 2009

LA LIBERTAD Y LOS CARCELEROS


La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielo; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres” Don Quijote de la Mancha 2da parte, capítulo LVIII. Cervantes pone estas palabras en boca de Don Quijote mientras él y su escudero transitan por caminos desolados. Su paso lento evoca la madurez y la claridad de un idealismo que no corre prisa. Una locura que persigue darle un nuevo significado al mundo y a la realidad que lo construye. El sueño de alcanzar la libertad como la presea más valiosa que podemos alcanzar en la vida. Una vida sin tener rehenes ni ser prisioneros; una soledad posible y grata. Luego de releer este libro, para escribir el prólogo para una edición infantil que me solicitaron, descubro esto como un hallazgo personal: lo más grande del humanismo busca una noción de libertad. En toda obra maestra, si la leemos atentamente, hallamos algo que abre las puertas de nuestras prisiones, cárceles construidas por nosotros y para nosotros en ese ejercicio de crueldad que es la práctica del poder y la imposición de voluntades.

Para salir de la prisión, primero hay que liberar al carcelero. Puede que los enormes muros de desigualdad y de estupidez que sostienen la injusticia en nuestro país, se hagan más frágiles si tenemos una actitud diferente ante ellos. El miedo es algo individual y no colectivo. Acaso haga falta algo que nos motive, una acción, una idea o una palabra capaz de dar la chispa que encienda nuestra determinación y valor perdidos.




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