jueves, 1 de octubre de 2009

YAT ROY CHEW GIRÓN


No he podido quitarme de la mente el rostro de Yat Roy Chew Girón. Un chico de 22 años quien al momento de ser condenado a 250 años de cárcel por haber asesinado a su familia, se quiebra como una hoja seca y se hinca a llorar. Un crimen que (usando el cursi lugar común de los periódicos) ha conmocionado a la opinión pública guatemalteca. No es para menos. Un muchacho de clase media, de esos que crecen encerrados por las talanqueras y criados por la omnipresente televisión, un día sin razón aparente asalta a su familia, asesinándola a cuchilladas y dejando tras de sí un escenario de muerte digno de una película de Quentin Tarantino.

La justicia de nuestro país, en este caso de indignación pública, mostró una muy severa efectividad. Luego de analizar las pruebas, recoger evidencias y escuchar a los testigos, dictaminó que el muchacho fuera confinado durante el resto de su vida. La cárcel o el manicomio. Esas dos opciones que son lo peor que nos puede suceder.


Las personas con quienes he platicado acerca de este caso, siempre me dan visiones superficiales.

Este personaje, este emo (como le bautizaron algunos medios de comunicación) se ha convertido en una amenaza. La sociedad bien pensante chapina opina que matar es algo que sucede sólo en los guetos plagados de mareros y de marginales; entre toda esa gente lejana, muy, pero muy distante a este mundo aspiracional de televisores plasma y centros comerciales.



Durante un tiempo fui maestro de secundaria, profesor de literatura y tuve alumnos muy parecidos a Chew: con hogares integrados, casas propias y problemas domésticos. Adolescentes solitarios, con depresiones, intentos de suicidio y oscuridades que sus padres ni siquiera tomaban en serio. Pero nadie piensa en ellos, hasta que uno da el primer paso... entonces, todo mundo se horroriza.







1 comentario:

jose fernando mejicanos diaz dijo...

ud me dio clases y lo que si le puedo decir que de ahi me gusto mas leer aunque en ese tiempo como ud dice uno es muy superficial,ahora leo y me imagino lo que estoy leyendo cosa que aprendi en esas clases de literatura.