jueves, 22 de octubre de 2009

ELLA



Ella sale a prisa, su bolso resbala hasta llegarle al codo, mientras amenaza a la bebé y amenaza a los otros 2 niños que no se apresuran a salir para el colegio. Trabaja de ocho a cinco y media en una oficina donde atiende reclamos de clientes y recibe la correspondencia. De ocho a cinco y media pasa horas de calma lejos de sus tres niños insoportables. Algún oficinista le hace la corte de vez en cuando, pero no es más que otro hombre casado con ganas de entretenerse durante un par de meses, para luego volver con su mujer, sus hijos, su perro, su televisor plasma y su casa de condominio.

Mientras Ella, que tuvo a dos amores que le dejaron a los 3 monstritos que la esperan en la casa, ya no encuentra consuelo en las promesas de ningún labioso casanova perseguidor de madres solteras. Treinta y tres años vividos, tachonados y, bueno... qué otra cosa se puede esperar de la gente y sus habladurías.

Aunque es una mujer bastante guapa, no existe nadie que pueda tolerar sus gritos y la ira que la lleva a arañar al niño, a jalonear el pelo a la niña y a nalguear a la bebé, cuando se enoja. Sólo viene un poco de calma, los sábados, cuando escucha la música en la radio mientras hace la limpieza; música que canta imitando los gestos y la voz de la artista méxicana de moda. Sus niños la ven y piensan que su mamá tiene talento como para ganarse Latin American Idol. Cuando termina la balada Ella se pone triste, pero busca otra canción, una más alegre. La cera líquida cae al piso y ve a sus 3 monstritos aplaudiéndole. Entonces algo parecido al consuelo le brota de alguna parte.

1 comentario:

1313 dijo...

me recordo bastantes cosas cada imagen. pláticas con compañeras de oficina, consuelos triviales y desconsuelos en el piso que por algún motivo se debe encerar.

afecto.