miércoles, 15 de julio de 2009

LA PESTE


Dos libros clásicos acerca de la epidemia: La Peste de Albert Camus y El Decamerón de Giovani Boccaccio. Enormes obras literarias que abordan el tema desde visiones muy distintas.

En la primera, el aire viciado por la enfermedad asola una colonia europea en África. Camus, en un magnífico ejercicio de síntesis, nos pone frente a un espejo: la humanidad entera se divide en dos mundos, el de los sanos y el de los enfermos. Ambos grupos están separados por una enorme barrera de aislamiento. Una ciudad que pierde su condición de metrópoli y queda reducida a un gueto donde cada cual debe luchar por sobrevivir imponiendo la fuerza sobre otros. El encierro como un existir para la muerte.

En El Decamerón, el aislamiento por la epidemia motiva a diez muchachos (7 mujeres y 3 hombres), de la muy renacentista ciudad de Florencia del Siglo XIV, a relatarse durante diez días un centenar de historias profanas. Según Boccaccio la peste negra había acabado con la mayor parte de la población, así que las familias adineradas huyeron de la mortandad encerrándose adentro de sus villas. Esta obra nos da un catálogo de las pasiones humanas proscritas por la moral inquisidora de la iglesia católica. La vida es un instante de plenitud y la muerte es lo único que es seguro. Un ejercicio de la imaginación como vacuna contra las convenciones sociales.

La vigencia de estas obras alcanza esta época. Nuestra tecnológica contemporaneidad no está alejada de los efectos de la peste. Ambos libros no tratan de la enfermedad únicamente, nos hablan desde lo más humano: la búsqueda de un sentido para la existencia. Un sentido, una razón opuesta a ese dejarse morir tan propio de las sociedades inmóviles, pestíferas y aisladas como la nuestra.

2 comentarios:

MarianoCantoral dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MarianoCantoral dijo...

Para esta columna también hiciste un "magnífico ejercicio de síntesis". Ahora el sida es la neolepra.