miércoles, 22 de julio de 2009

CUARTO OSCURO


¿Para qué necesitamos la luz, si hemos permanecido tan cómodos en medio de la oscuridad?

Si de pronto alguien oprime el switch, veremos cosas poco agradables. Tendremos que enfrentarnos contra lo que nos rodea. No se tratará de bultos únicamente, no, seguro habrán muchos desechos viscosos y fecales. Lo que pensamos era solamente un cuarto, se habrá convertido en una especie de calabozo. Muchas cosas que buscamos a tientas se revelarán por ellas mismas. Lo que creímos era una pequeña zanja, será una enorme fosa repleta de muertos. Aquella puerta de salida que creíamos tan próxima, estará muy, muy lejos.

Vivir en un cuarto sin luz puede ser sencillo. Uno se imagina que la descomposición alrededor apenas nos toca. Cuando no se ve, no importan ni el futuro ni el pasado. No importa porque las tinieblas encubren lo visible. No vemos nada alrededor, por lo tanto nada existe más que nosotros. Vamos a tientas, apenas sabiendo.

Si alguno de nosotros quisiera acercarse al interruptor y encender la luz, tendría que vérselas primero con los guardianes, con aquellos que se aventajan con la oscuridad. Ellos argumentan que la claridad sólo complica las cosas, que todo debe seguir tal y como está, que así es y que así debe quedarse. ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a quitarles ese poder?, ¿cuántos de nosotros poseemos el valor para ver con claridad?


En los cuartos oscuros no hay cambios, porque las verdades son reveladas a medias. Para mantener la oscuridad, hace falta silencio. Un silencio que no exige respuestas. Mientras no exista claridad, nada podrá verse ni entenderse, mucho menos transformarse. Todo irá muy bien hasta que llegue el momento en que la oscuridad nos encierre y luego nos devore. Mientras eso sucede trataremos de avanzar en ella, eso sí, tropezándonos una y mil veces con los mismos obstáculos.