miércoles, 10 de junio de 2009

BROMA SINIESTRA


“El Estado es la realidad de la idea moral”, dice Jorge Luis Borges citando a Hegel. De ser así, el diagnóstico que le podemos dar al Estado guatemalteco es el de Estado de Coma. ¿Por qué? Sencillo, nosotros no nos identificamos con las instituciones que nos administran. Para el común de los ciudadanos, los servicios públicos siempre son ocupados por bandas de oportunistas y saqueadores, en nada ejemplares. La verdad es que el espacio político no ha hecho nada por demostrarnos lo contrario. Mucho de lo que llena espacios en los diarios trata sobre la corrupción, el vejatorio espacio de los salarios en las instancias de gobierno. Ya se sabe: diputados, oscuras secretarías y determinados ministerios gozan de completa impunidad en cuanto al gasto que se eroga en el pago de sueldos y dietas. Irresoluble y lamentable. No existiría esta queja si, cuando menos, la mayoría de los guatemaltecos tuviera un salario mínimo o, cuando menos, un salario.
El Estado para nosotros es algo impersonal. De eso que robar del presupuesto, para la mayoría de quienes nos han mal gobernado, no es robar. Supongo que para ellos ha sido como asestarle golpes a un cuerpo inmóvil dentro de un cuarto oscuro. No hace daño, porque no se pueden distinguir sus rasgos humanos. Los cargos no se asumen por méritos propios y se hace poco por alcanzar dichos méritos durante el mismo ejercicio del poder. Se recurre a la vía de la propaganda para justificar la impopularidad y la incapacidad de lograr consensos entre nosotros.
Para quienes subrayan que el populismo es una característica de los políticos de izquierda, les pido que analicen el discurso simplista de la derecha en Guatemala: una continua verborrea en defensa de los mercantilistas, bajo el manoseado término de “inversión para el desarrollo”. También corrupción y oportunismo.




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