jueves, 21 de mayo de 2009

UNA VISIÓN


¿Dónde estaremos dentro de diez años? ¿En qué clase de país viviremos los guatemaltecos? Si las cosas siguen como están, creo que estamos condenados a un triste futuro. Cooptados por la lógica de la corrupción, por el boicoteo político, por el chanchullo mediático, por el descaro, la mediocridad y la indiferencia campante dentro de la clase dirigente. Si seguimos balando con-signas y rumiando viejos traumas, estoy seguro de que nuestra participación dentro de este incompleto proyecto de nación no pasará de ser la de eternos acarreados. Un rebaño útil para derrocar o para mantener gobiernos.Siempre con cara de babosos. Organizamos firmas, asistimos a marchas, pintamos mantas y generamos serias congestiones de trá-fico. ¿Para qué?, para nada. Queremos quitarnos el dolor de cabeza, cortándonos la cabeza. Queremos que todo cambie, pero manteniendo las viejas estructuras. Un movimiento social no es un desfile masivo de inconformes; la inconformidad sin ideas y sin una vi-sión clara de las cosas no cambia nada.Es necesario ver detrás de lo aparente. ¿Quiénes mueven los hilos del crimen, de la evasión fiscal y del narcotráfico? ¿Quiénes son los guardianes de este oscurantismo? Creo que muchas de estas personas son poco visibles, permanecen ocultas detrás de puestos de gobierno, académicos o empresariales. Lucen inofensivos y por ello han permanecido durante décadas atrincherados detrás de la incompetencia de los electoreros de turno. Se valen de que nadie sale limpio en su paso por la política. Saben las mañas, saben cómo resolver las crisis por medio de “viejos métodos”, pero cuando una cabeza debe caer, por supuesto, nunca es la de ellos. No hay que enfermarse de falso optimismo. Para que todo se transforme se necesita transformar el futuro en el presente. Nuevas soluciones para viejos problemas, sí, eso.