jueves, 14 de mayo de 2009

FLUX


La quiebra no existe, cuando no se conoce la abundancia. La calamidad no existe, cuando la cotidiana mortalidad por enfermedades comunes supera en mucho a la epidemia en boga. Sin embargo, son 2 los temas más recurrentes de este momento: la crisis mundial y la influenza A H1N1.
Un segundo. La estabilidad del sistema de vida en la clase media norteamericana se ve amenazada por esa apocalíptica caída de capitales, el fracaso financiero del gobierno de Bush. Esa rutina de los fideicomisos, los suicidios ejecutivos y el cierre de grandes consorcios empresariales. La crisis y el desempleo. El colapso de la banca. Bueno. En mis 35 años de vida no recuerdo que en Guatemala hayamos tenido prosperidad. Desempleo, miseria, exterminio de pequeños empresarios y la omnipresente impunidad usurera de la banca local, todo eso forma parte de lo que significa ser chapín.
Luego la epidemia, ¡por Dios!, ni siquiera hemos superado la epidemia del cólera. Imagínense el Hospital Roosevelt o el San Juan de Dios, ambos a punto de colapsar gracias a la violencia desmedida, sin presupuesto suficiente para contratar personal y lleno de médicos todólogos que no se dan abasto para atender a una población pauperizada y diezmada por enfermedades que pueden ser tratables. Ahora con la influenza deben atender al circo mediático de ese cuarto jinete del Apocalipsis que viene del Norte. Si usted no conoce un hospital público, no entenderá a lo que me refiero. Entrar en ellos la noche de un sábado es como hallarse en uno de esos campamentos para atender heridos de guerra.
Sin embargo, sobreviviremos. Porque lo hemos hecho a pesar de la perpetuidad de los gobiernos improvisados e indiferentes. No más aspavientos, por favor; mi recomendación es: no nos dejemos asustar con el petate del muerto.


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