miércoles, 8 de abril de 2009

ZONA 1



Es un Miércoles Santo y el calor no aporta demasiado a mi paciencia. Voy junto a mi hijo en un carro sin aire acondicio-nado. El simple recorrido de cuatro cuadras se ha vuelto un martirio, todas las calles están cubiertas por procesiones, cu-curuchos y gente haciendo alfombras. El ruido, el color morado por doquier y los chalecos fluorescentes de los agentes de Emetra son el merecido castigo para todos mis pecados (que son muchos). Digo un par de blasfemias y mi hijo me dice con solemnidad: “papá, ellos tienen derecho a expresar su fe”. El niño tiene diez años.Vivir en la zona 1 es asumir cierto apostolado en función de los derechos de los demás. Hace cuatro días la Huelga de Dolores también marchó por el Centro. Con la misma entrega y la misma devoción que los amigos católicos, los estudiantes de la Usac lucieron sus relucientes carrozas y disfraces. Seguramente el único Love Parade neo-nazi que se hace en Latinoamérica, lo mismo de siempre, matar mareros, sodomizar políticos y lamer a secretarias del Congreso. Pero la cosa no se queda en Semana Santa. Durante todo el año están presentes las consabidas movilizaciones y protestas a favor o en contra del Gobierno (que curiosamente nunca se acercan ni un centímetro a las zonas de poder económico. ¿Será que no están en el contrato?). Y para terminar las iglesias evangélicas portátiles que cada domingo montan torres de bocinas para que sus pastores se desgañiten predicando en el Parque Centenario. En fin, ¿qué le puedo contestar a mi hijo? Sí, ellos están en su derecho. Uno es el intolerante y el reaccionario. Algunos cedemos más para que a otros les sean indiferentes nuestros derechos. Así es y ha sido la vida en Guatemala.

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