jueves, 5 de febrero de 2009

HAMELIN

Me pregunto: ¿Por qué nos hemos convertido en esto tan predecible? ¿Acaso siempre hemos sido así: poco imaginativos y poco juiciosos? Un país deforme y uniforme. Acostumbrado a cubrir el engaño y la pérdida. ¿Es posible que todos los males sean achacables al conflicto armado o a la enajenación de los medios o al poquísimo esmero que las instituciones han puesto para divulgar la lectura? Basta con saber lo que el guatemalteco quiere y luego servírselo una y otra vez. Su música la podemos hallar, repetida y sin matices, en casi todas las emisoras. Sus programas de televisión son una larga letanía de noticieros amarillistas, telenovelas y programas de concursos. Cabe preguntarse en qué radica ese miedo a buscar o a construir un público nuevo y más exigente por parte de los empresarios. Sin libre competencia y sin diversidad, las empresas se han convertido en enormes burocracias. A los monopolios no les quitan el sueño las opiniones de sus clientes ni el mejorar el gusto de sus “consumidores cautivos”. Les basta con un país acomplejado que nunca busca opciones ni compara calidades. Los guatemaltecos hemos normalizado el fracaso a tal punto que ya no tenemos expectativas de cambio. Una rutina de mediocridad y hartazgo que en los últimos 20 años alcanzó su cima. De eso que invertir en el conformismo sea para muchos la flauta de Hamelin, que mueve millones de quetzales año con año. Por ejemplo: la Selección de Futbol y ese sudor cervecero que nos deja en cada una de sus derrotas. Necesitamos ideas, nuevos referentes y símbolos que nos singularicen entre el hartazgo y el desencanto que ofrece este “más de lo mismo”. Esta dolorosa realidad anestesiada por la hipnosis del querer ser cualquier cosa, menos lo que somos en esencia.

2 comentarios:

Ulises Bloomsbury dijo...

No sé, sinceramente, si lo que voy a escribir sea una broma: pero para que el consumidor (hablemos del guatemalteco), encuentre la inteligencia de actos y gustos: la TV, el Cine, y la Radio norteamericana debe valorizar lo interior y dejar lo superficial, toda la publicidad: vender lo que el producto realmente tiene bajo la etiqueta.

MarianoCantoral dijo...

muy cierto, aquí el más vivo, te vende la vida, porquería acicalada que como zombies, compramos, con solo entregar nuestro salario o nuestra supervivencia.

Consumir, consumir, consumir en tres palabras así se resume este país.