lunes, 5 de enero de 2009

RAROS PEINADOS NUEVOS

Aquello que fue vilipendiado y perseguido, de un momento a otro, se ha transformado en una expresión completamente común. Todos esos temas tabúes con que crecimos o esas situaciones que antes eran parte de la marginalidad más retorcida, ahora re-sultan animando charlas de sobremesa entre las familias más normales y silvestres. Hace 25 años, por ejemplo, hubiese sido impensable que un chico de pelo largo paseara por cualquier ciudad latinoamericana ves-tido con una camiseta del Che Guevara. Tampoco podíamos imaginarnos esos extraños programas de televisión, donde amas de casa cuentan con lujo de detalles que su marido es un bígamo enrolado en alguna secta extraña que celebra la eutanasia o a los ovnis. Nunca imaginamos ver a las parejas gays, de la mano, haciendo compras de Navidad en los centros comerciales. Lo que ha permanecido oculto durante mucho tiempo seduce precisamente por el morbo que lo ha encubierto. De esa cuenta que las sociedades más vigiladas y constreñidas por ideologías totalitaristas o fanatismos morales y religiosos sean tierra fértil para que florezcan subculturas que busquen un nicho para formas de pensar y de actuar que se opongan a lo establecido. Una sociedad liberal es una sociedad tolerante. La tolerancia es mucho diálogo y mucho respeto por todas las diferencias. Ese respeto que convierte las rarezas en expresiones humanas. Un respeto por la libre expresión, que es el mejor antídoto contra la radicalidad en su forma más nefasta: el odio. La historia nos lo revela con exactitud: el tiempo pasa factura a los intolerantes. Quienes se han negado a dialogar con las diferencias, terminaron siendo caricaturizados por todo aquello que marginaron y persiguieron con violencia.

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