viernes, 17 de octubre de 2008

NOSOTROS LOS DE ENTONCES

Casa Bizarra, ese suceso cultural que nació de la ocupa de una vieja casona en el Centro Histórico a inicios del 1997. Ese lugar donde transcurrió un devenir de cosas ingenuas y geniales. Noches de embriaguez y poesía en las paredes, calcadas en la fluorescencia de nuevos verbos. Las resmas que no alcanzaban para dejar fluir sobre el papel todo cuanto delirábamos. Esos balbuceos por descubrir esa raíz vital y romántica (ese sturm und drang) de la poesía. La poesía como la excusa misma de nuestra propia existencia.
Cardoza y Aragón era nuestro faro más cercano, nos sacudía esa tentativa por inventarnos una vanguardia que nos blindara de la apatía incestuosa que apolilló el arte guatemalteco diseminándolo alrededor de pertrechos culturosos: editoriales transnacionales, periodismo lite, bienales y subastas para arribistas “ilustrados”.
¡Bah! El arte no significa mucho para el resto de los guatemaltecos, eso lo sé de sobra, y mucho menos el arte que según militantes, críticos y periodistas progre, era el resultado de la toxicomanía de un montón de exhibicionistas provincianos que nunca celebraron sus cacareados fracasos históricos.
En fin, quiero dedicar estas líneas a mis compañeros, los sobrevivientes de la generación X: a los que a través de la música, los versos, las películas y los colores producidos por nuestros propios sueños y contradicciones, le hallamos un sentido a nuestras vidas.
Ojala que siga la fiesta y que estas palabras no caigan en ese tenebroso cementerio de elefantes llamado nostalgia.

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