viernes, 17 de octubre de 2008

PAMELA

Los padres de Pamela se conocieron hace 22 años, cuando trabajaban en un restaurante de comida Tailandesa en Seattle. Un lugar muy extraño para que un guatemalteco y una salvadoreña se enamoraran. Una de tantas parejas de hispanos que se unen para perseguir una vida mejor en los Estados Unidos.
Pamela es la segunda hija del matrimonio Castañeda, actualmente tiene 18 años, es un tanto gordita, de tez morena y se tiñe el pelo de rubio. A sus maestros les cuesta mucho pronunciar esa morosa ene con sombrero que lleva a la mitad de su apellido: “Castaanneda”,“Castnyeda” y Pamela se siente un tanto extraviada.
Desde que era niña sus padres le inculcaron que ella era una ciudadana estadounidense y que hablar inglés le abriría todas las puertas que les cierran a los hispanohablantes. Le describían cómo llegaron de ilegales huyendo de las penurias de aquellos polvorientos paisitos centroamericanos, y de lo extremadamente difícil que fue para ellos adquirir su ciudadanía. Ella piensa en Central Latin America y siente una remota curiosidad. Conoce a mexicanos, ecuatorianos, hondureños y bolivianos, y para ella no existen mayores diferencias entre unos u otros. Tanto para ella como para su hermano Franklin –que trabaja como programador de computadoras y está casado con una norteamericana- el Salvador y Guatemala son nostalgias que les han costado una deuda innecesaria con un origen que poco les interesa. Actualmente Pamela espera ser aceptada en la universidad, pero su inglés se ve un tanto afectado por una extraña pronunciación, una reminiscencia spanglish que no la deja tranquila. Para sus compañeros de la escuela ella siempre fue mexicana, de esos extraños rumbos al sur de los Estados Unidos.

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