viernes, 17 de octubre de 2008

QUIMERA

Las imágenes desde esas vallas publicitarias marcan el clima actual del estándar de belleza. Modelos de cejas perfectamente delineadas, labios carnosos, bronceados letales y cabellos estrictamente lisos y ordenados. O chicos como exactos adonis a prueba de balas edificados alrededor de un abdomen macizo.
Nosotros, los mortales, los que reptamos debajo de esas colosales fotografías, simplemente miramos hacia arriba dudando seriamente de nuestra apariencia. No tenemos ni el cuerpo ni la actitud: la belleza requiere demasiada credulidad, algo de lo que carecemos la mayoría.
Pero, ¿qué nos hace sentirnos bellos?
En primer lugar el reconocimiento público. Un reconocimiento que es proporcional según el valor comparativo que le apliquen a nuestro cuerpo, apariencia y personalidad. O sea, le gustamos más a la gente cuando estamos más cerca de parecernos a esas imágenes digitalizadas que nos bombardean por todos lados.
En segundo lugar, la vigencia de nuestra apariencia. Para ser vigente basta con dejarse llevar por los caprichos de costureros y diseñadores bastante astutos. La ropa es indispensable para mostrar el carácter que deseamos revelarle al mundo. Desgraciadamente al carecer de un criterio propio y definido, terminamos asumiendo modas que serán un buen chiste para las próximas generaciones.
Y en tercer lugar, el estilo de vida. Inscribirse dentro de un lifestyle significa tener una predecible rutina de consumo. Esa especie de territorio que nos venden con la falsa premisa de que sólo podemos viajar en determinada marca de vehículo, comer en estos restaurantes o vestir con trapos de tal o cual marca.
La belleza es con toda seguridad el discurso utópico más vendido en la historia. Siempre vamos tras de ella buscando aliviar nuestra inseguridad, y, al final, lo único que encontramos es un muy alto precio escondido detrás de la etiqueta.

3 comentarios:

DAC dijo...

Es cierto Javier, me pongo a pensar ahora en la Megapaca... su slogan de "Te alcanza mas para la gasolina... Si compras en la Megapaca”, algo así y es cierto se encuentra buena ropa de segunda mano y de buenas marcas. La moda es de todas las ramas del diseño digamos, la mas fría, ya que lleva inmerso y muy buen puesto el factor humano, y lleva consigo todo ese factor HUMANO tan descarnado. Digamos todos esos problemas psicológicos y enfermedades propias del siglo pasado y este, de un estilo de vida Fast Food anoréxico. Sentirse bien con una misma va mas allá de eso, sentirse bello, filosóficamente debiera ir mas allá de las apariencias. Sentirse bien con una misma o con uno mismo tendría mas que ver con vernos en el espejo y saber que el SER que nos compone en el interior es un SER coherente con lo que aparentamos, estemos o no a la moda. Por que no solo aparentamos "belleza o complacencia al mundo de las apariencias", también somos discursos o ¿sólo los aparentamos?. ¡En fin! lo que somos en el exterior no debería importar, si estamos en paz con nosotros mismos.

33 dijo...

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Miss Trudy dijo...

Cierto, el "lifestyle" antes implicaba cierta filosofía de la vida: un hippie el regreso a la naturaleza y lo orgánico y "real", un vida entregada a la iglesia y religión, una vida más pura y entregada a lo sacro, y que se yo. Una filosofía. Ahora las revistas como Real Simple y otras nos invitan a regresar a una filosofia de vida simple y sencilla, mediante adquirir productos que reflejen esa mentalidad. No le dicen a uno como producir esas cosas con las manos, en casa. ¡Hay que irlas a comprar! Y hasta hay candelas e inciensos cada vez más "gourmet" por decirlo de alguna manera, carisimo, para quien quiera eso de fondo para meditar u orar. Increible.