viernes, 17 de octubre de 2008

LA RELIGIÓN DE MI TIEMPO

Esas identidades que brillan, tan relucientes como predecibles, donde la solución siempre recae en el todopoderoso mercantilismo y su maquinita de hacer patrones a la medida de nuestras inseguridades.
Sucede que cualquier cosa puede comprarse. Desde las valiosísimas obras de arte que por su antigüedad, perfección o valor simbólico pueden tasarse a millones de dólares en los mercados de subasta; pasando por la multitudinaria religión del “status” que no admite más que incondicionales consumidores de modas y boberías kitsch; o el pasillo de las ideologías trasnochadas que enrola a militantes globalofóbicos, neo-anticomunistas, ecologistoídes (con carros de doble tracción) o de cualquiera de las muchas tribus que se escudan detrás de una manera de vestir, un tipo de música, un par de libros de texto y unos cuantos emblemas de camiseta que ni siquiera pueden cuestionarse.
Esa es la religión de mi tiempo. Una enorme maquila de alienación. Nada posee un valor real, porque todo vale nada. Un libro consumido únicamente por haber sido escrito por el Nobel de turno durará 5 meses a lo sumo en las estanterías del supermercado. La película que conmoverá más que ninguna no puede pasar de tres semanas. El cantante ganador de no sé qué concurso de popularidad será polvo unos cuantos días después. Así, y aunque no lo queramos, nos mantenemos buscando algo sagrado en medio de la gran noche de lo efímero.
Oponer resistencia a este conductismo es la única manera de construir nuestro criterio. Un camino individual, sin argumentos rebuscados y sin militancias fanáticas. Buscarse una manera de sobrevolar encima del oleaje de certezas que llamamos desencanto.

2 comentarios:

Lauren Mendinueta dijo...

Tienes razón Javier, hemos reemplazado a los antiguos dioses por otros todavía más patéticos. Me da gusto encontrarte en este espacio. Yo también publico un blog que te invito a visitar en www.laurenmendinueta.com
Un abrazo con mucho cariño,
Lauren

cesar silva dijo...

pensamientos q me dan vueltas siempre y desordenados,q he comentado con mis hijos, los veo concretos en tu texto.