viernes, 17 de octubre de 2008

LA BIBLIOTECA DE BABEL

Imagine la enorme cantidad de libros que se publican cada día alrededor del mundo. En una competencia estadística, esta época puede declararse la más saturada de texto en la historia. Tan sólo en una librería guatemalteca se encuentran más libros que cuantos pudo ver Dante, Cervantes o Shakespeare en toda su vida. Contradictoriamente no vivimos ni en un Renacimiento ni un Siglo de Oro ni un Período Isabelino, cimas del pensamiento occidental fundamentados no solo en la calidad obras publicadas, también en el número y la sensibilidad de sus lectores.
Los períodos de esplendor de las artes vinieron siempre ligados a un interés político por la lectura. Los poderosos de entonces fueron excelentes lectores de poesía y de filosofía, lo que permitía que siempre tuviesen de su lado a los humanistas más destacados de su tiempo.
Hoy en día no vivimos una época humanista. El mundo parece deslumbrarse más por la tecnología, que por la aguda reflexión acerca de la vida. La literatura se ve como un campo ajeno a la política y a los modelos de la economía desarrollista. El liderazgo no viene complementado con una cultura artística. Es obvio que las “masas” siguen a sus élites, y si quienes gobiernan son alérgicos al conocimiento, ¿qué se puede esperar de los gobernados?
Ojala para la próxima feria del libro Filgua en agosto de este año, podamos ver a nuestros funcionarios participando en más de alguna conferencia o cuando menos hojeando alguna obra reciente de autores contemporáneos guatemaltecos. Señores: la literatura actual no muerde, ¡increíble!, existe vida después de Miguel Ángel Asturias.

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