viernes, 17 de octubre de 2008

EL EXTRANJERO

Diez años de escribir. Una necesidad que me ha llevado por distintos rumbos. Ha puesto amigos que me han editado y lectores, cercanos o lejanos, que me honran con el tiempo que dedican a mis libros.
Hace unos días reflexionaba con un amigo acerca de una novela que busco publicar. Un texto extraño y abigarrado. Lleno de escenas violentas, oscuras y redactada en un tono literal y políticamente incorrecto. ¿Cuántos rechazos tendrá?, no lo sé. Lo mismo sucedió con Ruido de Fondo y Soledadbrother, libros que fueron rescatados del olvido por compañeros generacionales, cómplices en este oficio de hacer de las palabras nuestro destino. Estos tres libros tienen una conexión, un nudo: hacer de la Guatemala contemporánea un territorio en pugna, entre la doble moral y el abismo de miseria hacia donde nos han llevado nuestras certezas. Digamos que llevan una sola intención: dejar al lector sin ese preciado oxígeno de la falsa esperanza, para que escarbe en el sótano de nuestra sociedad y considere si son reales o falsas las verdades que reivindicamos con vehemencia.
Perdón querido lector, no quiero parecer pedante ni narcisista. Lo único que deseo es compartir con usted mi experiencia como escritor y lector privilegiado de una generación nueva de escritores que va creciendo y que, sin ningunear el talento y la entrega de generaciones anteriores, está proponiendo una vuelta a la tuerca dentro de ese campo de batalla que es la vida en este país. Ni las frases más elocuentes ni las tramas de especulación política ni los informes desarrollistas políticamente correctos ni las publicaciones en grandes consorcios editoriales ni los grandes premios literarios construyen una literatura: son los lectores reales, aquellos que valoran la palabra venga de donde venga.