viernes, 17 de octubre de 2008

DIGNIDAD

La dignidad se esconde, es difícil de encontrar a simple vista. No hace alardes, no exhibe méritos. Casi siempre se oculta detrás de la apariencia más sencilla.
Lejos de celebrarla, a la dignidad la vemos de lado. Los guatemaltecos casi siempre optamos por todo lo contrario.
Amigo lector, usted se habrá dado cuenta de la manera en que cedemos ante el autoritarismo y el descaro. Venimos quejándonos de eso desde siempre, pero si un policía nos pide un soborno se lo damos, si una financiera quiebra y se roba nuestro dinero ni siquiera procedemos contra ella, ¿por qué?, sencillo, creemos que los delincuentes siempre vienen con una cara signada de tatuajes, hablando de esta forma, comportándose de esta otra; nunca es el señor trajeado que detrás de un escritorio exhibe su título universitario y se enriquece con el contrabando, tampoco el banquero que avanza velozmente en su BMW o el funcionario siniestro y sonriente que da declaraciones a la prensa.
Aunque la dignidad puede hallarse en todo, es poco apreciada. Quizá el problema comienza desde lo que enseñamos a nuestros hijos. No se trata de la moral que imponemos, sino de la ética con que actuamos. La ética plantea un ejercicio de vida y la moral es únicamente censura y adoctrinamiento.
¿Acaso el policía que no acepta mordidas, el funcionario intachable, el empresario que paga salarios dignos a sus empleados o el trabajador esmerado, están salvando a Guatemala de caer en la absoluta degradación?

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